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El arte de ser relojero: un oficio que no quiere irse con el tiempo

En un mundo acelerado, en donde las tradiciones de antaño van quedando atrás en pos de un mundo homogéneo y desechable, hay ciertas tradiciones que están sentenciadas a desaparecer y otras que se niegan a hacerlo. Un ejemplo de esas tradiciones que ansían ser perennes son los antiguos oficios; trabajos como el caligrafista, el sastre, el zapatero o la maestra pastelera. Trabajos cuya vocación es heredada y aprendida en la familia, que requieren pasión y perseverancia más que estudios para su perfeccionamiento.

En esta ocasión, hablaremos de un oficio que quiere congelar el paso del tiempo, ayudándolo a seguir su curso: el oficio de relojero.

Un relojero que se niega a dejar morir el arte

Jorge Inostroza, de 29 años, administra una de las relojería y joyería Silver & Gold que hay en Victoria. A pesar de poseer otra profesión, ha elegido mantener viva la tradición del relojero por su amor a la vocación.

Él cuenta que algo que ha ayudado a mantener activo el oficio en Victoria es la cultura que hay en lugares como este, preocupados por las tradiciones y no tan influenciados por las costumbres de las grandes ciudades. “En partes como Santiago, los lugares más urbanos, requieren menos el uso de relojes. Pero en lugares como Victoria, la gente está acostumbrada con el reloj, que heredó del padre, del abuelo, que no lo quiere dejar de ocupar… entonces buscan la forma de mantenerlo siempre; por lo tanto el servicio jamás muere. La cercanía de los sectores rurales nos ayuda. La gente mayor son tus mejores clientes; son a quienes les gusta conservar su relojito que tienen hace 50 o 60 años y nunca dejan de estar viniendo al local.”

A pesar de esto y de que la tecnología de los relojes no ha cambiado radicalmente, Jorge cuenta que la escasez de relojeros es por una cuestión económica. “Está el poco dividendo que te presta ser maestro relojero, no así cuando tienes un local establecido, porque puedes vender muchas más cosas además de los relojes, pero el maestro técnico, ese es el que está muriendo”. Es por eso que en el negocio que atiende, no sólo se arreglan relojes y joyas; también los venden, además de otros artículos de bazar.

Una expectativa que tiene Jorge, para mantener vivo el amor por la relojería, es apuntar al público joven. “Mis espectativas es abarcar un público más joven; que conozcan el reloj, el de cuerda, el mecánico… que no ocupen el desechable, ese que ocupan para usar con ciertas ropas, en ciertos momentos y conozcan un poco más sobre el tema y se enamoren de este. Como llegar a los jóvenes, es algo que aún no nos hemos planteado, pero yo creo que la publicidad en este caso nos ha ayudado harto.”

Para concluir, Jorge tiene la fe de que el oficio de relojero perdurará en el tiempo, siempre y cuando existan interesados por compartir y aprender sobre el arte; de morir, sería una gran pérdida para la sociedad. “El tema de los relojes nunca va a morir; el tema de reparación, esperamos que tampoco. Mientras hayan personas que puedan pasar el conocimiento, los antiguos relojeros, no va a morir y si muere, no habrá quién repare los relojes”.

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